La economía como fuerza sistémica en la familia: cómo ordenar recursos y vínculos

📖 La economía en la familia: una fuerza sistémica.

En todo sistema familiar, la economía actúa como una gran fuerza, un poder que sostiene y permite la convivencia en armonía. Cuando cada integrante de la familia respeta y comprende la función que cumple la economía dentro del sistema, los vínculos se ordenan y se favorece la paz.

La economía al servicio del proyecto familiar:

En una pareja, la economía no es un tema aislado. Se convierte en un recurso que sostiene los proyectos comunes y los individuales. Los proyectos de pareja y los de los hijos están profundamente ligados, y para que todo funcione con equilibrio, la economía debe estar al servicio de ese proyecto compartido.

Desde la mirada sistémica, se representa así:
La economía se ubica “a la derecha de todos”, al servicio de la pareja y del proyecto familiar. En este orden simbólico, todo aquello que está a la izquierda debe respetar y cuidar lo que sostiene a su derecha. De este modo, el dinero y los recursos fluyen sin tensiones, permitiendo una convivencia armónica.

La economía como energía vital en movimiento:

Más allá de su función práctica, la economía es una energía que mueve recursos, crea oportunidades y satisface necesidades humanas. Cuando la vida —que también es energía en constante cambio— se encuentra estancada por apego a formas antiguas o rígidas de administrar esa economía, inevitablemente surge una crisis.

La crisis no es un castigo, sino un llamado a volver a movernos, a reconectar con las necesidades reales del presente y a ponernos en sintonía con el propósito vital de la familia y de cada uno de sus integrantes.

 

Buscar el equilibrio, siempre:

Cada vez que dejamos de acompañar el movimiento natural de la vida y repetimos formas que ya no responden a lo que el momento pide, el sistema familiar se desajusta. Es entonces cuando aparecen los síntomas: tensiones, discusiones, escasez, o excesos que desbordan.

El desafío está en aprender a reconocer cuándo es momento de soltar lo antiguo y abrirnos a nuevas formas de administrar nuestros recursos, siempre al servicio de la vida, de los vínculos y del destino común.
Natalia Liz Sleiman
Directora de NASER University®

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¿A quién le he cerrado mi corazón?

Bert Hellinger, el padre de las constelaciones familiares, observó que hay distintas fuerzas que mueven 🍃 la conducta humana; y cuando no son vistas dentro del sistema familiar, aparecen los conflictos. A esas fuerzas él las llamó, en un primer momento, los órdenes del amor🙌🏼.

La primera de ellas es “la pertenencia”, la segunda, “la jerarquía”, y la tercera, “el equilibrio entre el dar y el tomar”.

Todos los seres humanos tenemos la necesidad de pertenecer, y para asegurarnos esa pertenencia hacemos muchas cosas. Nos ponemos, por ejemplo, una camiseta de fútbol 🎽 para “sentir que somos parte” de ese equipo, aunque no conozcamos ni siquiera el nombre de sus jugadores 😬; y gritamos los goles con entusiasmo porque nos sentimos identificados con ese grupo. Lo mismo nos pasa en otros ámbitos como la política, la religión, los amigos y en un círculo aún más íntimo: la familia. 👩‍👦‍👦👨‍👦

 

A raíz de esa necesidad de pertenencia, desde épocas ancestrales, el peor castigo que podían darnos era el aislamiento 😞, el exilio, como cuando papá se enojaba y nos mandaba de penitencia al cuarto; o como cuando alguien nos retira el saludo, o nos aparta de un grupo. Esas acciones, interpretadas como castigo, producen mucho dolor, y algo dentro de nuestra alma dice, de manera inconsciente: “Cualquier cosa con tal de pertenecer” a una determinada conciencia, a un determinado grupo.

 

👉🏽 Esa fuerza del amor de la que habla Bert Hellinger, nos lleva a hacer muchas cosas, en lo cotidiano, para pertenecer. Y como lo repetiremos hasta la comprensión: supongamos que las mujeres de nuestra familia hayan pasado por situaciones de dolor con los hombres (y al revés también), que hayan sufrido abandono, que hayan tenido que sostener solas sus hogares, que hayan necesitado apoyo y no lo hayan obtenido; es muy posible, entonces, que una mujer de esa familia hoy no esté pudiendo formar pareja 💔 ni aun estando al lado de alguien que es bondadoso, próspero y que tiene buenas intenciones. Por el contrario, esa mujer hará cosas para que esa pareja fracase. Entonces, la pregunta es: ¿Cuál es la lealtad que esta mujer sigue para pertenecer? ¿Qué está siendo capaz de hacer para sentirse parte de esa familia en la que las mujeres sufrieron por los hombres? ¿Cuál es la lealtad que sigue para ser parte de esas mujeres, de ese equipo, de esa manera de relacionarse que tienen esas mujeres con esos hombres?

 

Sin darse cuenta, de un modo inconsciente, esa mujer puede estar diciendo desde su alma: “Yo, como ustedes”, “Yo, igual que ustedes”, boicoteando sus parejas.

De igual manera, un hombre o una mujer que tenga mucha facilidad para obtener dinero 💸, que sea próspero en sus actividades, pero que en lo cotidiano experimente que ese dinero, así como viene, se va, o que siempre ocurre un factor externo que hace que ese negocio fracase o se caiga, puede estar siendo leal a otra memoria de su sistema familiar. En este caso, ¿a quién sigue su alma? ¿Cuál es la lealtad que sostiene su alma para seguir perteneciendo, para continuar sintiéndose junto a aquellos que no han podido prosperar en su familia? 🧐

¿Cuál es el sentimiento que opera en estos casos? Muchos se sienten “culpables” 😞 de tener éxito y ganar dinero, a veces sin esfuerzo, si en sus familias hubo escasez, dolor o muertes. Cuando se recibe con culpa la abundancia, lo que se experimenta es una especie de “traición” a la familia. La persona siente que, a partir de esa abundancia que recibe, está dejando de ser uno de ellos; entonces, de manera inconsciente, genera algo para continuar perteneciendo: pierde dinero, fortuna y, a veces, hasta la salud.

En esa búsqueda por pertenecer, muchas personas interpretan, inconscientemente, la salud como una traición 🙇🏻‍♀️ ¿Cómo estaría mi alma si, a pesar del dolor de los míos, tengo éxito y salud? ¿Qué me sucedería si, a pesar del dolor de mi familia, tengo una salud fuerte, o gano dinero sin tener que trabajar tanto como sí lo hicieron mis ancestros?

Todos buscamos la pertenencia y hay una regla de oro: “Todos y cada uno de los miembros del sistema familiar tienen el mismo derecho a pertenecer”. 🌀

 

¿Cuántas veces somos nosotros quienes excluimos a alguien de nuestra familia? 🤔 

¿Cuántas veces no hemos excluido al que robó, asesinó, fue madre soltera, el único artista en medio de profesionales o el único universitario en una familia de artistas? ¿Cuántas veces no hemos excluido a las segundas parejas de nuestros padres, o a las parejas anteriores de nuestros padres que han sido importantes para ellos?

Las exclusiones se muestran a través de los efectos en nuestras vidas. Muchos de los conflictos de nuestra vida cotidiana pueden estar mirando 👀 a alguien que está excluido. Y eso es lo que nos permite observar Constelaciones Familiares. Cuando un excluido es integrado en el corazón de su familia, el conflicto se disuelve y la paz regresa 🕊️.

Es muy posible que esas exclusiones que habitan en nuestro sistema familiar también se proyecten en nuestro exterior, porque “como es dentro, es afuera”; como funcione esa exclusión en nuestro sistema familiar, también la vamos a vivir en nuestras relaciones, en nuestro entorno laboral o personal.

 

¿A quién le he cerrado mi corazón? Es una pregunta que no necesariamente tendrá respuestas. El solo hecho de hacerla abre el corazón 💓; es una señal de que hay disposición para integrar lo que en algún momento ha sido desintegrado. ✨

 

Al preguntarnos, «¿a quién le he cerrado mi corazón?», me estoy dando la posibilidad de que dentro de mí algo vuelva a unirse, desde el amor. Algo volverá a unirse dentro de mí, desde mis propios pensamientos hacia mi persona y desde mi mirada hacia el mundo. 🌎

 

Por Natalia Liz Sleiman

Editora: Mónica Andrada

Ver Florecer

¿Has visto a un árbol florecer?¿A una planta de tu jardín?¿A un rosal manifestar una brillante rosa? Hay un tiempo de retraerse y pareciera que la energía se esfuma, sin embargo se dirige al interior, suele suceder en otoño, aunque todos tenemos algún otoño en cualquier momento de nuestras vidas. No hay mucha fuerza para sostener lo de afuera, las hojas se sueltan, la fuerza se retira…hacia adentro.

Entramos en un cierto reposo que regenera, nos “escondemos” un poco para nutrir la esencia. Mi querido lapacho empezó a despedirse hace unas semanas, algunas ramas se asomaban en el balcón. Las hojas de esas ramas fueron las últimas en soltarse, algo de ellas quería permanecer. Sin embargo la retirada es inminente. Pasará así el invierno, aparentemente desprovisto de su belleza. Mientras él ingresa a su seno, las orquídeas florecen en otoño, no sé si todas… así son las que conozco; sus flores duran semanas, luego se retiran cuando nace el lapacho en primavera. Hay algo que permanece más allá del tiempo y del individuo, el florecimiento, el florecer… cuando veo el florecimiento se dibuja una sonrisa en mi rostro, me invade la alegría y el agradecimiento por la belleza manifiesta.

¿Sabes? Las personas florecen, florecemos, son momentos también pasajeros y de una belleza extraordinaria. ¿Has visto florecer a una persona? ¿te has visto florecer? Me he visto florecer, varias veces, me vi en otoño, en invierno en todas las estaciones.

Luego de la flor, llega el fruto, disfrutar es recoger los frutos. Pulsar allí en ese momento donde todo el ciclo se manifiesta y comprendes el “para qué” y cuando crees que lo has comprendido todo, el fruto se consume y la semilla es nuevamente entregada a la tierra. Todo vuelve al origen para un nuevo inicio.

La vida pulsa de mil formas diferentes al mismo tiempo, no es la apariencia sino la esencia lo que permanece. Cuando comprendemos eso, o por lo menos, cuando lo comprendí yo, deje de tener miedo a ser quien soy. Deje de interrumpirme, y en ese momento la vida me mostró mi esencia.

Con mucho amor

Natalia Liz Sleiman

Mendigos de Amor

Al nacer inspiramos grande, al morir expiramos… ingresa el Espíritu, sale el Espíritu. Lo primero es el Inspirar, lo segundo es mirar a mamá.

Si viste nacer a un animalito, habrás notado que se desplaza, como puede, hacia su madre.

¿Sabías que un ser humano haría lo mismo si se lo dejara? Lo que sucede luego de ese ir hacia mamá es el encuentro con sus ojos, un rato largo mirándose madre e hijo.

¿Qué sucede cuando ese proceso es interrumpido? A menudo el hijo sigue buscando esa mirada, la mirada de su madre, no tiene la memoria de ir hacia mamá. Este fenómeno suele proyectarse inconscientemente en las relaciones en la vida de la persona: amigos, pareja, jefes, compañeros de trabajo. Les cuesta ir hacia… conversar, crear. Emergen reclamos de atención y de reconocimiento. En el fondo es “¿dónde estás mamá?” “mírame mamá” “te perdí de vista mamá” y si el niño notó que mamá estaba en peligro, la memoria inconsciente es “mamá, te salvo como si fuera tu mamá.” y así el comportamiento se repite hacia los otros, demasiado peso.

Te propongo un ejercicio si quieres, dispones del tiempo y del espacio:

  • Cierras los ojos, inspiras, expiras profundo unas tres veces.
  • Mira a mamá (esté viva o no, la conozcas o no, tu ADN no distingue, ella está siempre) solo mírala internamente y llénate de esa mirada. Si se oponen imágenes de reclamos, enojos, deja que sucedan, déjalas suceder y pasar, como pasa una nube en el cielo que viento arrastra. Ten paciencia y deja pasar. Si sientes emociones también, míralas como si vieras una película que se proyecta ante tus ojos, deja pasar la cinta.
  • Respira, percibe nuevos olores, colores, paisajes, sigue mirando a mamá. Si ella no puede mirarte aún, sigue su mirada ¿Dónde mira? E incluye eso que ella mira, incluye en tu corazón, permite que la fuerza de reconciliación actúe por sí misma. Tu mirada de amor es la llave que toma esa fuerza para actuar.
  • Dile “Gracias Mamá por ser como eres.”
  • Respira profundo, inspira, expira y abre los ojos, nuevos ojos.

Amor es: “Sí, a todo como es, a todo como fue”, “Sí a mí mismo tal y como soy”, “Sí”.

Asiento aunque no comprenda. Confío en la sabiduría de mi alma, confío en el Vacío Creador que actúa más allá de mí y solo necesita de mi parte un “Sí”.

Con amor.

Natalia Liz Sleiman.