Mendigos de Amor

Al nacer inspiramos grande, al morir expiramos… ingresa el Espíritu, sale el Espíritu. Lo primero es el Inspirar, lo segundo es mirar a mamá.

Si viste nacer a un animalito, habrás notado que se desplaza, como puede, hacia su madre.

¿Sabías que un ser humano haría lo mismo si se lo dejara? Lo que sucede luego de ese ir hacia mamá es el encuentro con sus ojos, un rato largo mirándose madre e hijo.

¿Qué sucede cuando ese proceso es interrumpido? A menudo el hijo sigue buscando esa mirada, la mirada de su madre, no tiene la memoria de ir hacia mamá. Este fenómeno suele proyectarse inconscientemente en las relaciones en la vida de la persona: amigos, pareja, jefes, compañeros de trabajo. Les cuesta ir hacia… conversar, crear. Emergen reclamos de atención y de reconocimiento. En el fondo es “¿dónde estás mamá?” “mírame mamá” “te perdí de vista mamá” y si el niño notó que mamá estaba en peligro, la memoria inconsciente es “mamá, te salvo como si fuera tu mamá.” y así el comportamiento se repite hacia los otros, demasiado peso.

Te propongo un ejercicio si quieres, dispones del tiempo y del espacio:

  • Cierras los ojos, inspiras, expiras profundo unas tres veces.
  • Mira a mamá (esté viva o no, la conozcas o no, tu ADN no distingue, ella está siempre) solo mírala internamente y llénate de esa mirada. Si se oponen imágenes de reclamos, enojos, deja que sucedan, déjalas suceder y pasar, como pasa una nube en el cielo que viento arrastra. Ten paciencia y deja pasar. Si sientes emociones también, míralas como si vieras una película que se proyecta ante tus ojos, deja pasar la cinta.
  • Respira, percibe nuevos olores, colores, paisajes, sigue mirando a mamá. Si ella no puede mirarte aún, sigue su mirada ¿Dónde mira? E incluye eso que ella mira, incluye en tu corazón, permite que la fuerza de reconciliación actúe por sí misma. Tu mirada de amor es la llave que toma esa fuerza para actuar.
  • Dile “Gracias Mamá por ser como eres.”
  • Respira profundo, inspira, expira y abre los ojos, nuevos ojos.

Amor es: “Sí, a todo como es, a todo como fue”, “Sí a mí mismo tal y como soy”, “Sí”.

Asiento aunque no comprenda. Confío en la sabiduría de mi alma, confío en el Vacío Creador que actúa más allá de mí y solo necesita de mi parte un “Sí”.

Con amor.

Natalia Liz Sleiman.